A estas alturas, todos conocemos a alguien —o lo hemos vivido en carne propia— que ha estado atrapado por las deudas. Una mala racha, un negocio que no salió bien, un despido inesperado, una enfermedad, un divorcio… La vida da muchas vueltas, y no siempre a favor. Lo que pocos saben, sin embargo, es que existe una salida legal para esos callejones que parecen sin salida: el concurso de acreedores para empresas y autónomos, y la Ley de la Segunda Oportunidad para personas físicas.
No es magia, ni tampoco un truco para “escaquearse”. Es ley. Es justicia. Y, sobre todo, es humanidad. El concursado no está exigiendo ni piedad, ni un favor. Pide la aplicación de una ley. De la misma forma que hay leyes que nos obligan con multitud de pagos, EXISTE UNA LEY CUYO OBJETIVO ES EVITAR REALIZAR CIERTOS PAGOS SI SE CUMPLEN DETERMINADAS CIRCUNSTANCIAS.
Cuando no puedes pagar, pero tampoco escapar
El concurso de acreedores es una herramienta legal pensada para cuando una empresa, un autónomo o incluso una persona corriente ya no puede hacer frente a sus pagos. Si bien muchas veces se asocia con grandes empresas en crisis —como aquellas noticias que vemos en los telediarios sobre constructoras o cadenas de tiendas—, lo cierto es que también está al alcance de las pymes, los autónomos y las familias.
Se trata, en esencia, de una especie de “pausa” legal. Un momento en que el deudor se declara en insolvencia ante el juzgado mercantil y se abre un procedimiento para intentar ordenar sus deudas, proteger sus bienes y buscar un acuerdo con los acreedores. En algunos casos, si no hay solución, se liquida el patrimonio. Pero en muchos otros, la exoneración es completa. Ahí radica la importancia del asesoramiento especializado.
El enfoque concursal es doble. Es una obligación y es una herramienta para solucionar un grave problema. No nos olvidemos que concursar es una OBLIGACIÓN cuando llegamos o creemos estar próximos a una situación de insolvencia (ver art. 5 del Texto Refundido de la Ley Concursal: “El deudor DEBERÁ solicitar la declaración de concurso dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que hubiera conocido o debido conocer el estado de insolvencia actuales”). No hacerlo, especialmente en el caso de las empresas y autónomos podría supones el tener que hacer frente a responsabilidades derivadas de agravar la situación o de no tratar de forma igualitaria a todos los acreedores (los cuales también tienen sus derechos y para defenderlos está el concurso de igual forma). El administrador social puede llegar a responder con su propio patrimonio si no actúa a tiempo. Lo mismo para muchos autónomos, que arrastran su vivienda y sus ahorros al intentar resistir sin ayuda.
ACTUAR CON TIEMPO Y PREVISIÓN ES LA CLAVE.
¿Y qué pasa con las personas de a pie?
Aquí es donde entra la Ley de la Segunda Oportunidad. Aunque se aprobó hace ya unos años (2015) y se reformó en profundidad en 2022 para hacerla más eficaz, aún es una gran desconocida. Y es una pena, porque podría cambiar la vida de muchas personas.
¿Te imaginas poder cancelar legalmente tus deudas y empezar de nuevo? Pues eso es, justamente, lo que permite esta ley. Si una persona física —es decir, cualquiera de nosotros— se encuentra en situación de insolvencia y cumple ciertos requisitos (como actuar de buena fe, no haber cometido delitos económicos y haber intentado previamente un acuerdo de pagos), puede acogerse al procedimiento y, en última instancia, obtener la exoneración del pasivo insatisfecho. Dicho en cristiano: se le perdonan las deudas que no puede pagar.
Esto incluye préstamos personales, tarjetas de crédito, deudas con proveedores y desde la reforma de 2022, ciertas deudas con Hacienda y la Seguridad Social, aunque con limitaciones.
Una herramienta con muy poca publicidad… pero con mucha potencia
Lo más curioso de todo esto es que apenas se habla de ello. Pocas campañas institucionales, casi ninguna promoción pública, y, en muchos casos, desinformación. Pero eso no significa que no funcione. Miles de personas en toda España han conseguido ya liberarse del peso de unas deudas impagables y empezar una nueva vida.
Porque seamos claros: cuando alguien está ahogado por las deudas, no puede avanzar. No puede alquilar una vivienda, ni acceder a financiación, ni siquiera trabajar con tranquilidad. Vive con miedo. La Ley de la Segunda Oportunidad permite romper esas cadenas. Y no se trata de “perdonar por perdonar”, sino de dar una salida ordenada y justa a quien ha fracasado, como todos podríamos fracasar.
Asesorarse es clave
Ahora bien, no todo es tan simple como rellenar un formulario. Tanto en el concurso de acreedores como en la Ley de la Segunda Oportunidad es fundamental contar con el asesoramiento de profesionales especializados: abogados, economistas, expertos en reestructuración. No todos los casos son iguales, ni todas las soluciones sirven para todos.
En Asturias, ya hay despachos que están trabajando con esta materia y ayudando a vecinos a salir de situaciones muy complicadas. Gente que ha pasado de vivir pendiente del teléfono por miedo a los cobradores, a poder respirar tranquila.
Un cambio de mentalidad
En España, durante mucho tiempo, ha existido una cierta vergüenza por fracasar económicamente. Pero cada vez más se impone la idea —como ya ocurre en otros países europeos— de que caer no es un crimen. Lo injusto es no poder levantarse.
La Ley de la Segunda Oportunidad y el concurso de acreedores son, en definitiva, mecanismos legales que todos deberíamos conocer. Porque la ruina no debería ser una condena perpetua. Y porque todos merecemos, alguna vez, una segunda oportunidad.
Pedro Fernández Manso
Experto en LSO, asesoría empresarial, derecho concursal y reestructuraciones
Abogado Colegiado ICAO 5531
Economista Colegiado CEA 1441
